domingo, 4 de noviembre de 2012

Licencia para matar en El Salobral



Esta es una condena absoluta de quien se crea tener  licencia para matar. - Yo soy adolescente, apenas tengo 14 años y no puedo votar aún, mas ¿por qué no me quieres, si yo te amo más que tú dices amarme?  Esta es una fracción de la posible conversación, que causó “la tragedia de El Salobral”. Un hombre amante de las armas y especialista en tiro, creyó encontrar amor en una adolescente, que le admiraba. Tal vez por sus conocimientos bélicos, que consideraba adorno viril.  El The End es una ráfaga de pólvora en un corazón desenamorado. Matar es el modo más cruel de resolver los problemas. Con frecuencia se habla de “lucha”; incluso en pro de los derechos de ciudadanía. Cada vez que soy convocado a ella, a la lucha, aun reconociendo  el fin  justo, siempre pienso que se me insta a acciones bélicas, como si la mejor estrategia contra la penuria fuera “acabar” con el enemigo. Creo que es una estrategia, para la defensa de la humanidad, absolutamente equivocada. Si hay un amor que se distancia, dedícale los mejores cantos y encantos, mas jamás lo ofendas. Dedícale las mejores músicas, y cántale las mejores loas a la luz de la luna y, puesto que lo quieres, has de respetarlo. El hombre al que se refiere este relato, poseído de  espíritu bélico, optó por la(s) trágica(s) muerte(s). Al verse menos preciado, fuese al mercado de armas, compró una pistola y, flamante ésta,  la utilizó y asesinó y se mató. Creyó en su demencia tener licencia para matar. Se disparó al alma y asesinó a su adolescente  sueño. En el reguero de despecho,  aún dejo a Agustín muerto. Más dolor, y más, cuando él mismo se suicidó. Estaba ciego de amor, dice la desconsolada madre. ¿Ciego de amor? Éste, el amor, debiera ser la mejor bujía en la incertidumbre y las tiniebla. Hemos errado por las esquinas y preguntado al viento el camino: sólo el amor nos guió al acierto. El caso es que un desamor costó la vida a una adolescente. Sobre el caso, gente de ley y leyes, con permiso para legislar, se ha puesto a discutir cómo es que puede  amarse a los 13 años. La pregunta es más bien cómo permitir a alguien matar al amor adolescente. Estuve en el sepelio del amigo,  que salió a la calle y fue sorpresivamente acallado a tiros como por casualidad. Ciego el asesino, quería matar a su sombra y a fe que al menos a una consiguió abatir. Ante este crimen, tragedia  de El Salobral –Albacete- quisiera pedir y exigir, a mi manera, licencia para el amor y,  en todo caso siempre, denegar licencia para matar.

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