martes, 13 de julio de 2010

Debate con reglamento

En la víspera del debate del estado de la Nación, hablemos de reglamento, porque la fórmula invita a la cortesía, sin olvidar que es un debate a lo que se reta. En estas próximas semanas examinaremos a España. En estas horas escucho ruidos vuvuzelenses: “Basta ya: Unificación Nacional”, parecen vuvuzelar las turutas. No es eso: “Basta ya, España no nos basta”, es lo que turutan. El ruido es pertinaz, como si hacer ruido fuera la meta. El problema no es España ni su Constitución. Es dieciochesco ese problema. España se constituye con justicia, paideia y epiqueya en espacio de ciudadanía española y universal; espacio de ciudadanía para que el género humano pudiera habitarlo, si cupiera, y sentirse en él respetado. El problema es cómo recorrer reglamentariamente los caminos hacia la igualdad y hacia la libertad. Al tiempo lo mide un tic-tac, es breve, pues, y exige, en consecuencia, decisiones siempre, por definición, inestables y siempre justas, por haber sido debatidas con la palabra, de conformidad a lo dispuesto en el Reglamento del Congreso de los Diputados, y al amparo de lo dispuesto en el Reglamento de la Cámara. La platónica República es una obra poética y “Las Leyes”, de Platón, lo es también, sólo que ésta edita las reglas de la versificación: un soneto es siempre un soneto, según el principio de identidad.

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