sábado, 26 de diciembre de 2009

Navidad tras el muro en Belén

El ritmo de la Naturaleza genera la celebración de las fiestas: grandes hogueras “lumen Christi” en Navidad. Grandes hogueras, junto al mar, por san Juan. Contra el ritmo de la Naturaleza, el biorritmo cultural, que debiera acompasarse, lo rompió la privacidad de la propiedad. ¿Cómo explicar que en Navidad, naciendo el Sol, donde el Nacimiento se ubica, hayan muerto seis palestinos, ametrallados sobre un territorio, que debiera ser compartido por los dos Estados? Miles, más de 70.000 almas, han visitado Belén, ciudad palestina a sólo nueve kilómetros de Jerusalén, mas separada de él por una valla/muro de ocho metros de altura, a cuya sombra vive. Hace cinco años que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya dictaminó la ilegalidad de la barrera, que convierte en una pesadilla la vida de decenas de miles de campesinos palestinos, quienes vieron cómo sus campos quedaban del otro lado; que universidades, colegios y hospitales quedaron aislados. La naturaleza reinicia su ciclo del Sol para todos, pese al hombre, que erige muros para salvaguardar la injusta propiedad. Por la propiedad de los bienes se mata, incluso en Navidad. Dice un dicho, que Eduardo Mendoza cita, que el pobre, cuando no se mata, baila. La Fundación Baile de Civilizaciones os invita a respetar el Sol, que nace, pese a las sombras de los muros.

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