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martes, 19 de junio de 2012

Verso de martes. 19 junio 2012



Hay días que se me pasan como las horas  veloces, como si los segundos fueran a raptarlas, pues pasan como minutos. Este martes se me ha pasado contemplando la cara pasmada de Rajoy.  El G-20 le transportó  su consecución épica a la clave de  trágico  rescate. La pena me inundó  y se me pasó el tiempo.  Mas aunque  tarde  he de subir  mi verso de martes prestado, hoy de Neruda. Podéis contar con  este pacto mío con la hermosura, sí, y con mi pueblo.

"Debemos hacer algo en esta tierra,
porque en este planeta nos parieron,
y hay que arreglar las cosas de los hombres,
porque no somos pájaros ni perros,
y bien, si cuando ataco a lo que odio,
o cuando canto a todo lo que quiero,
la poesía quiere abandonar,
las esperanzas de mi manifiesto,
yo sigo con las tablas de mi ley,
acumulando estrellas y armamentos,
y en el duro deber americano,
no me importa una rosa más o menos,
tengo un pacto de amor con la hermosura,
tengo un pacto de sangre con mi pueblo."

Pablo Neruda

martes, 24 de abril de 2012

Verso de martes, 24 abril 2012: libro


LIBRO
hermoso,
libro,
mínimo bosque,
hoja
tras hoja,
huele
tu papel
a elemento,
eres
matutino y nocturno,
cereal,
oceánico,
en tus antiguas páginas
cazadores de osos,
fogatas
cerca del Mississippi,
canoas
en las islas,
más tarde
caminos
y caminos,
revelaciones,
pueblos
insurgentes,
Rimbaud como un herido
pez sangriento
palpitando en el lodo,
y la hermosura
de la fraternidad,
piedra por piedra
sube el castillo humano,
dolores que entretejen
la firmeza,
acciones solidarias,
libro
oculto
de bolsillo
en bolsillo,
lámpara
clandestina,
estrella roja.

Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos
en la lucha terrestre.
Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
un libro lleno
de contactos humanos,
de camisas,
un libro
sin soledad, con hombres
y herramientas,
un libro
es la victoria.
Vive y cae
como todos los frutos,
no sólo tiene luz,
no sólo tiene
sombra,
se apaga,
se deshoja,
se pierde
entre las calles,
se desploma en la tierra.
Libro de poesía
de mañana,
otra vez
vuelve
a tener nieve o musgo
en tus páginas
para que las pisadas
o los ojos
vayan grabando
huellas:
de nuevo
descríbenos el mundo
los manantiales
entre la espesura,
las altas arboledas,
los planetas
polares,
y el hombre
en los caminos,
en los nuevos caminos,
avanzando
en la selva,
en el agua,
en el cielo,
en la desnuda soledad marina,
el hombre
descubriendo
los últimos secretos,
el hombre
regresando
con un libro,
el cazador de vuelta
con un libro,
el campesino arando
con un libro.
(Pablo Neruda)

martes, 24 de agosto de 2010

33 mineros en Chile atrapados

El verso de martes (24 agosto 2010) es para quienes aún tal vez estén 3 meses atrapados en la mina San José de Atacama, a 700 metros de profundidad. Es Neruda, que canta al maestro Huerta, de la mina La Despreciada: ¡Por ellos!

el maestro huerta (De la mina «La Despreciada», Antofagasta)
Cuando usted vaya al Norte, señor vaya a la mina «La Despreciada», y pregunte por el maestro Huerta. Desde lejos no verá nada, sino los grises arenales. Luego, verá las estructuras, el andarivel, los desmontes. Las fatigas, los sufrimientos no se ven, están bajo tierra moviéndose, rompiendo seres, o bien descansan, extendidos, transformándose silenciosos. Era «picaño» el maestro Huerta, Medía 1,95 metros. Los picanos son los que rompen el terreno hacia el desnivel, cuando la veta se rebaja. 500 metros abajo, con el agua hasta la cintura, el picaño pica que pica. No sale del infierno sino cada cuarenta y ocho horas, hasta que las perforadoras en la roca, en la obscuridad, en el barro, dejan la pulpa por donde camina la mina. El maestro Huerta, gran picaño, parecía que llenaba el pique con sus espaldas. Entraba cantando como un capitán. Salía agrietado, amarillo, corcovado, reseco, y sus ojos miraban como los de un muerto. Después se arrastrò por la mina. Ya no pudo bajar al pique. El antimonio le comiò las tripas. Enflaqueciò, que daba miedo. Pero no podía andar. Las piernas las tenía picadas como por puntas, y como era tan alto, parecía como un fantasma hambriento pidiendo sin pedir, usted sabe. No tenía treinta años cumplidos. Pregunte dónde está enterrado.Nadie se lo podrá decir, porque la arena y el viento derriban y entierran las cruces, más tarde. Es arriba, en «La Despreciada», donde trabajò el maestro Huerta.